Encuentra las vacaciones en ti y para ti

Pies en el agua, justo al comienzo de la orilla. Y la mirada que deambula, se desliza sobre el agua hacia el horizonte. O sentado en una piedra, en lo alto, con los ojos fijos en un panorama de cielo y montañas. O incluso un simple banco en la ciudad, una nariz hacia arriba en busca de una esquina azul entre los edificios.

No importa dónde y cómo pasamos los días libres de las vacaciones de verano. Todos estos escenarios tienen algo en común: mirar hacia el cielo, dejar correr la vista lejana y atraer nuestra atención hacia el paisaje, liberamos la mente de los pensamientos recurrentes en nuestra rutina. Y es como si la claridad del cielo nos diera la claridad mental que parece que hemos estado buscando durante algún tiempo, la que es capaz de darnos nuevas energías y hacernos realizar nuevos proyectos.

 

 

El estado de claridad mental que muchos de nosotros sentimos en los días de vacaciones sin preocupaciones es en realidad una condición que se puede "entrenar" de muchas maneras, incluso con la meditación consciente y la práctica del yoga.

 

¿Por qué llegamos siempre al periodo de vacaciones con nuestra maleta de stress a rebosar? A pesar de todos los buenos propósitos que nos auto inducimos tanto en enero como en septiembre, llegamos agotados y exhaustos a las pausas vacacionales.

 

Debemos aprender, en el día a día, a soltar el cuerpo y vaciar la cabeza. No hay que esperar la situación ideal, el momento idóneo ni buscar la perfección en nuestro entorno ya sea laboral, familiar o sentimental. Si esperamos a la situación que nosotros creemos ideal, esto nunca ocurrirá.

 

Encontrar pequeñas pausas durante la jornada para alargar la mirada al cielo azul y al horizonte y encontrar el verde de prados y árboles, permitir la sensación completa de todo el cuerpo, ya estés de pie o sentado, o caminando incluso, sentir el cuerpo, tomar contacto con tu cuerpo es importantísimo, es vital para poder aflojar y soltar y dejar ir las tensiones acumuladas. Y luego permitir y reconocer la respiración en el cuerpo. Y dejar, poco a poco, que se pueda ir volviendo más y más consciente y más y más profunda. De tres a once minutos de estos sencillos encuentros contigo, que no te requieren más que abrir una ventana, bajar y pasear por el parque más cercano, sentarte en un banco de una bonita plaza de tu barrio, podrán ir generando una tendencia en ti, en tu cuerpo y en tu mente, de capacidad para soltar y renovar. Sentir el cuerpo y respirar profundo. Algo muy básico. Algo muy poderoso.

 

 

En un lugar cómodo y tranquilo, permite la sensación de tu cuerpo. Siente el peso del cuerpo y el contacto con el suelo, en los pies, en las nalgas. Relaja las caderas y las rodillas. Deja que la columna se estire y se alargue, suavemente. Y relaja el estómago y el diafragma. Siente y observa la respiración. Deja que fluya libremente. Afloja los hombros, los brazos y las manos. Relaja la mandíbula y la lengua y poco a poco, tomando el control de la respiración, la vas haciendo cada vez, pero sin prisas, más larga y profunda. Y no te dejes llevar por el flujo de pensamientos que continuamente va a aparecer. Simplemente decides que ahora no les vas a prestar atención y que vas a centrarte en las sensaciones físicas en tu cuerpo y en mantener una respiración controlada. Cuando te encuentres siguiendo el discurso de los pensamientos, paras y vuelves al cuerpo. Sentir el peso del cuerpo. Sentir las sensaciones en la piel. Sentir los sonidos que te envuelven. Respirar conscientemente.

 

Si se puede instalar en ti alguna rutina así de sencilla, es probable que esta te vaya dando nuevos matices y orientándote y enfocándote, quizás, en nuevas perspectivas internas que pueden dirigirte a buscar más espacios de meditación; o determinarte en, finalmente, hacer ese deporte, ese baile, esa actividad que llevas tiempo queriendo hacer pero nunca llega; convencerte en asignarte un cambio en tu dieta; decidirte y capacitarte para empezar con aquella relación que deseas, o terminar con aquella otra que te está enjaulando.

 

La idea es conseguir momentos de plena presencia de cuerpo y respiración. Sin pretender nada. Sin esperar nada. Y dejar que la propia presencia cuerpo-mente despliegue, progresivamente y sin prisas, nuevas posiciones, nuevas ópticas, nuevas perspectivas.

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