La fuerza de la bondad

¿Qué nos viene a la cabeza cuando pensamos en la palabra «bondad»? Se trata de un concepto con muchas acepciones: solidaridad, generosidad, indulgencia, humanidad, compasión, amabilidad y empatía.

La bondad es la expresión natural de los sutras «reconoce que la otra persona eres tú». Y en sus enseñanzas fomentó siempre mostrar bondad, bondad y compasión con todos aquellos que se cruzan en nuestro camino.

 

 

La bondad es un instrumento poderoso: su presencia, aunque mínima es suficiente para entablar una unión entre dos personas. Por ejemplo, piense en dos personas que no se conocen de antes. Una de ellas percibe que algo no va bien, quizás la otra perdió el ticket del autobús o se le ha roto la bolsa de la compra. No tienes que ser nada raro. Pero eso ya es suficiente para que una persona se pare a reflexionar, que abandone el egocentrismo que invade (quizás completamente) nuestra existencia y que le conceda por un pequeño momento toda su atención para que pueda surgir un acto de bondad.

 

Y entonces, sin recapacitar sobre ello, se inclina y recoge el ticket del autobús o la fruta que ha caído al suelo. Y con una sonrisa que ilumina su rostro se dirige a la otra persona que también le sonríe y le entrega el objeto. Esos pocos segundos que compartieron ambos –no más allá que un abrir y cerrar de ojos– son suficiente para que cada uno siga su camino con una sonrisa en los labrios. Y los dos se sienten mucho mejor. Ambos tienen ganas de contribuir a la propia felicidad y a la felicidad de otros. Haciendo lo que pueden hacer. Prestando más atención a los demás, sobre todo preocupándose por las personas cansadas y agotadas de su entorno y contribuyendo a mejorar algo su día.

 

Y ahora intentemos imaginar qué pasaría si esos pequeños gestos de bondad pura y simple impulsasen una reacción en cadena. Si la bondad que recibimos derivase en otro gesto de bondad para con otra persona.

 

El resultado ¿no sería un efecto dominó impactante con el que se podría de verdad cambiar el mundo?

 

La bondad comienza con las pequeñas cosas de la rutina diaria.

 

En Instagram os pregunté cuáles son los pequeños gestos fortuitos de la bondad. Y ¡vuestras respuestas nos calentaron el corazón!

 

Aquí una pequeña lista de gestos afables que desde un punto de vista simple podrían parecer evidentes pero que pueden ser muy potentes si son transmitidos de una persona a otra.

Gestos afables

  1. ¡Sonreír! Regalarle una sonrisa a los demás (y a sí mismo) no es tan solo un acto de amabilidad. Los científicos han descubierto en diversos estudios que sonreír es bueno para la salud.
  2. Ayudar a alguien con problemas de forma voluntaria.
  3. Decir algo bonito de forma inesperada, sencillamente porque es algo bueno.
  4. Ayudar a una persona mayor a cruzar la calle o subir la escalera.
  5. Ofrecerle a una persona necesitada el asiento del autobús o el tren.
  6. Aguantar la puerta abierta para alguien y decir «¡Gracias!» cuando alguien la aguanta para nosotros.
  7. Dejar la moneda dentro del carrito del súper, como regalo para el que viene detrás.
  8. Abrazar a alguien que esté sufriendo y preguntarle «¿Cómo te va?».
  9. Saludar a los demás, a cualquier hora del día, al comprar el pan o al funcionario que nos atiende en la Oficina.
  10. Escuchar lo que dicen los demás, sin interrumpir, sin comentar y sin distracciones (como p. ej. el teléfono).
  11. Indicarle el camino a alguien que no lo conoce.
  12. Dejar una nota amable para los demás, por ejemplo una nota en el escritorio de un compañero o en el bolso de una amiga.
  13. Regalarle comida a un sintecho.
  14. Dejar que alguien con pocas cosas «se cuele» en la cola del supermercado.
  15. Dejar un libro encima de un banco o en un tren.

La bondad nos hace más felices y es algo bueno para todos. ¡Dejemos que la bondad sea algo natural y evidente! #spreadkindness #bekind

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